lunes, 7 de febrero de 2011

Un enigma que llevo por dentro.

Todos hablábamos de fantasmas, brujas, entre otros personajes míticos.


Esa noche sucedió un hecho imaginable, quizás es cierto -que los seres humanos podemos llamar a nuestro enigma y que cada ser humano lleva uno dentro, por más pequeño que sea o grande, se manifiesta en una etapa de nuestra vida, ya sea de forma positiva o negativa.

Apenas puedo recordar esa misteriosa noche, en donde todo se convirtió en algo nocturno, no simplemente porque era de noche, sino porque ni siquiera había luna; la falta de energía eléctrica, era parte de ese gran misterio, que envolvía esa desesperada noche. Recuerdo el comienzo, quizá eran las 12 o 1 a.m., cuando todo empezó como un simple juego, en donde la puerta sonaba, mi padre respondía, -¿quien es?- Tan pronto él contestaba se hacia un silencio. Volvíamos a la cama como locos, y el misterio se estacionaba; el sonido aumentaba; mi padre preguntaba; hasta maldijo. Era algo extraño en él. Pero muy desesperante para nosotros. Cada vez que escuchábamos la puerta y preguntábamos; solo el silencio respondía, apenas pasaban dos minutos y el misterio volvía.

Mi padre era un hombre pacifico (que había emigrado desde un campo de Monseñor Nouel
hacia Santo Domingo) Por una mejor vida, con una gran fe. Fue su creencia la que nos salvo; la que logró detener ese enigma. Mi padre buscó una escoba, la paró frente a la puerta; buscó un cuchillo de mesa, un tenedor; la amarró con una lazo; formó una cruz con el cuchillo y el tenedor; posicionó dicha cruz en el centro de la escoba. Luego le agregó unos cuantos granos de sal, y en seguida empezó a orar.

Veía como un papel verde transmitía los mensajes (parecía una luciérnaga) Logrando terminar con aquella larga noche.


Con el tiempo es vuelto a tener contacto e incluso he llegado a predecir el futuro, sin embargo, no logro identificarlo.

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