Cuando todos pensaron que estaba desaparecido; el alma ambulando; las prendas saqueadas; y las huellas borradas, su cuerpo apareció como lluvia en invierno -ese debe de ser-, -si, ese mismo fue-. Rumores que salían, ideas debatidas, risas y llantos. -Tan hermoso que le quedaba su pelo largo-. Elogios para quien no llegó en una noche.
-Su padre vivía en la casa #11, me parece que su madre murió en un accidente-. Hombre alto de gran cuerpo, encantador y con su soberbia juventud señoría, el símbolo que muchas mujeres desearían para rozar su cuerpo. De largas piernas, un atlético físico y su inexpresiva cara. Rodeado de amigos y con un jazmín que se expande como aguas en los océanos.
Sus intereses anónimos, dando la impresión de que no tenia nada definido, tan solo su vida de bohemio; caminando como trota-mundo; recorriendo Km para encontrarse con el alcohol, mientras que dejaba a un padre preocupado por la vida que llevaba, clavado con una cruz. El padre que llegó a usar tapones en los oídos, en aquellos días que existía el prójimo, apenas horas hacían de que se lo había quitado y minutos de que el prójimo se había marchado. Al parecer la realidad le jugó con otra ficha, la cual él no entendía -si tan solo mi hijo tuviese ambición, oh carácter, lo hubiese nombrado administrador de mis bienes-. El padre reflexionando -si solo entendiera lo contaminado que está el mundo; el ron que lo embriaga; las mujerzuelas que persiguen la cama; esos amigos que lo tienen como instrumento-, así estaba él, desesperado, caminando desde la cocina hasta el balcón, cada paso hacia la cocina era acompañado por el amargo café y en el balcón lo esperaba el cigarro.. Café-cigarro, era el tranquilizante de Don Fernando.
Desde el balcón, Don Fernando, observaba todo el panorama, siempre estaba al tanto de los acontecimientos del lujoso sector. Su vida transitaba por el mas cruel camino, ni siquiera el dinero que heredó le importaba en esa etapa, su mente solo se había convertido en una maquina de conclusiones, verdades y recuerdos fatales como el de Elena, quien murió en una tarde, en la misma que él la golpeo; en su juventud gastó parte de su fortuna en las drogas, alcohol, lujos innecesarios; su riqueza estuvo a punto de colapsar, pero apareció la hermosura externa e interna de Elena -¿porque ella se fue? ¿Elena has donde te ha ido?-, gritos de angustia de un villano.
Su lujosa casa con 4 servidumbres; 15 habitaciones; 7 carros, entre ellos: Mercedes Benz, Jaguar, Lincoln y un Chevrolet Bell Air 1950; en las puertas hombres armados; y en el patio, perros bravucones. Don Fernando, se pasaba el tiempo con su lloriqueo que llegaba al último rincón, y la tristeza que se había postrado como su mejor compañera, aunque también el profundo silencio que permanecía, interrumpido por los ladridos de los perros, -porque existe el dinero, si con El todo se me ha ido, Elena, mi hijo, el brío que me acompañaba y hasta el tiempo que me castiga-. Se lamentaba como si fuese el peor de los hombres.
Si Don Fernando entendiese, que así como cada árbol crece con la ayuda del agricultor, que con aguas le da los primeros años de vida, sabiendo que luego el árbol tendrá que adaptarse y que si desarrolla el tronco torcido, él no podrá enderezarlo, así mismo es la vida, cada ser después que aprende a caminar es dueño de su propio camino, en nosotros esta la potestad de caminar de la manera mas decente, correcta e inteligente, siendo cada uno los que definimos lo decente, correcto e inteligente. Su hijo (Claudio) un joven inquieto, pero sin deseo, eligió su propio destino. Tantos consejos que personas desconocidas le dieron, él por ser rico, de una envidiable belleza física y altanero, solo respondía: “Si tuviese lo que tengo, fuese peor que yo, en lugar de fumarte una pipa, te fumaria dos”, siempre estaba acompañado de esas respuestas, -quizás observas dinero y belleza, pero no quisieras llevar mi vida... encerrada en un mundo tan exigente, de seres solapados, de los mas grandes verdugos de vuestro mundo, ellos solo quieren hombres sin corazones como mi padre, pero soy distinto a él, a ellos, a la riqueza maldita, prefiero ambular por el mundo, encerrarme en un mundo artificial, antes de maltratar a una alma-, así de directo era Claudio en aquellos días. Luego de durar varios segundos pensando cabizbajo, seguía con sus clamores -y si tan mal entienden que camino, porque ustedes no reclaman mi fortuna, vayan hablen con mi padre, díganle que acepto darle lo que me pertenece, todo lo que tengo, pero solo déjenme en paz, que yo no ando exterminando vidas como esos hombres que hablan bien, solo es tenido que construir un mundo paralelo al mio-.
Cada segundo, minuto, hora, día, semana, mes, año, su vida se iba tornando de un color distinto, en un segundo habían cambios, en un minuto se podía transportar hacia el lugar mas lejano, en una hora podía compartir con una desconocida, en un día eran muchas las veces que el humo del baño salia, en una semana su carro cambiaba de color, en un mes... solo se sacaba conclusión de todo lo que hacia, pero un año era suficiente para una vida clonada.
Don Fernando con su rostro arrugado, que expresaba todo el coraje que sentía, frustrado por el destino que cogería su bastardo, y consumiendo los tragos mas amargos de café y el cigarrillo que llenaba el espacio de gris, miró hacia el techo y vio la imagen de Elena, ella con su hermosa sonrisa, su mirada fugaz, y queriendo expresar lo mal que se sentía por todas las cosas que no andaban bien en su hogar, el que ella había ordenado; sorprendida por todos los hombres que habían trabajando, principalmente por los perros feroz. Quería bajar y abofetear a Don Fernando, no obstante, ella se consideraba superior a su villano y jamás se había involucrado en un hecho tan bochornoso como ese, ¿porque ahora? Estando en un mejor lugar como una diosa, pero no le preocupaba su hijo, ella estaba consciente de que Claudio era victima de su padre, y que ella había creado toda una adicción con tal de que no fuera un hombre perverso como su padre, sino, el final que su esposo en vida podría elegir, y que entonces el proceso de reintegración de su hijo seria mayor, pero todo estaba definido en la mente del padre.
-Hijo, si algún día chocamos, quiero que comprendas... que yo nunca fui como tu, que siempre supe lo que tenia, y aunque gasté una gran parte en mi juventud, siempre reconocí la salida, así como Elena la muerte. Y si me marcho... no es porque sea débil, sino, porque no soy un hombre que le rinde tributo al fracaso, ese soy yo, el mejor padre que pudiste tener.
Desde el balcón solitario, en una tarde de invierno, próximo a la navidad, su mente detenida, arruinado por su propio mundo, se detuvo justo al lado del recuerdo que había dejado Elena, era su camisa blanca con una flor en su centro, sus mangas negras y el perfume que aun conservaba, era el arma que él había preparado, -tu seras quien abarcara todo mi cuello, tu dueña sera culpable, así como Claudio-.
Cuando escucharon los gritos, pensaron que era una de sus discusiones que con frecuencia tenia por teléfono, ¿quien se atrevía acercarse en esos momentos? Hasta los perros le temían, la camisa lo ahogó. El funeral fue tan solitario como su vida, apenas algunos parientes, las servidumbres y los hombres que cuidaban asistieron, algunos se preguntaban: ¿Donde está Claudio? ¿Que pasara con todos estos bienes? Lo que estaban en el velatorio iban en defensa de su herencia, muchos daban por muerto al hijo, -Mi tío Fernando tuvo un hijo, creo que murió junto a su madre en un accidente-, informaciones inconclusas para aquella familia. Después de haber pasado un día, el cuerpo se encaminaba al entierro. La discordia iniciaba, empleados, familiares y amigos, disputaban la herencia, pero ninguno se preguntaban, ¿en realidad murió Claudio como dice la sobrina de Don Fernando? Cuando el cuerpo iba al cementerio, de la nada apareció aquel joven, muy poco lo reconocieron, abrió su boca, y clamó: “Aunque te hayas ido, te agradezco, contigo aprendí el significado de la riqueza y el propósito de la vida, ¡y ustedes que pelean por lo ajeno, pueden quedarse con todo! A mi me espera una nueva vida”. Claudio había llegado con su pelo corto (por meses su existencia había desaparecido), pero se veía mas humilde, desde luego que se notaba el cambio, él había entendido el propósito de la vida, y cual era su papel.
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