lunes, 7 de febrero de 2011

Mi denuedo

 
Temporada fría,
que con el caliente se establece
y con las ideas desaparece. 
 
Te juro que quisiese ser el caliente,
que con lujuria quema al paciente. 
 
Te aseguro que, en una noche lo fui
y rápido desaparecí.
Pero no como mortal.
  
La luna se enamoró de mi,
con su luz me guió
y sus murmullos que no paraban.
 
 ¿Como me sentí?
¡Como un esclavo!
Que sin dirección se marchó
y en ti, se encontró. 
 
Justo lo que buscaba:
un amor que tuviese compresión;
de ideas lucida;
sobre todo: ¡con una esencia que sobresaliera!
  
Tu tamaño no es un juego,
lo aclaro: ¡porque hombre pálido te subestima!
Tu historia no es un cuento épico.
  
Señora virgen del cielo,
espía dama de la humanidad,
luz de Salomón.
 
 
Generaciones dejaste pasar,
ninguna te interesó,
hasta ese día de mayo que llegué. 
 
Tu cuerpo cobijado se expandió;
de gozo;
amor,
que por años ignoraste. 
 
Mujer anciana sin nieto, ¿estas segura de lo correcto?
Por mi parte, no acostumbro al rechazo,
¡no es porque no sea demandado!
Como usted comprenderás,
¡lujuria hubo en mi!
Y usted por celos la sopló,
ahora estoy puesto para usted,
me he dado cuenta de que les gustan los secretos,
pero confiese lo que sucedió,
en la noche que me secuestró
y le prometo que le entregare mi corazón.

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