Atado a la cama, sintiendo el dolor que destruye a mi alma. Escuchando las voces de aquellos que permanecen fieles, ¿donde esta el amigo que tenia, que compartía cada trago? Deseando hablar para aclarar algunos hechos; desmiento que fuera el tipo que ayudó a la anciana, en aquella noche que cayó; su vida la salvo por una cáscara de guineo, la cual la había dejado en el medio, con el propósito que alguien cayera para enseguida reírme, vi como ese camión perdía el control, ella tratando de huir para salvar los años que la vida le guardaba; fue justo ahí cuando tropezó con la cáscara; no sabia si reír o correr, me quedé parado por varios segundos; los perros callejeros se acercaron, fueron héroes en la noche que yo jugaba a matar y ellos a salvar. Los animales llegaron antes que me acercara, el mas negro se hizo a cargo; él cogía su pierna izquierda, hasta llevarla a la orilla, quise acercarme al hecho; los otros perros formaron un circulo para impedir que penetrara hasta el cuerpo de la señora. Duré varios minutos escondido por el temor que me provocaban los perros, cuando pensé que estaba a salvo, fui sorprendido por un militar que se acercaba a la escena, él con una voz aguda rompió el silencio:
"No se preocupes, que esos perros no tienen dueño... Matarlo o mal-tratarlo da lo mismo, ¿a quien le duele un come hueso?
Yo queriendo pronunciar algunas palabras para evitar el castigo, no tuve valor; en honor a la mentira me hice cómplice, los perros llorando, mientras que yo solo veía en silencio, ni siquiera me atrevía hablar, pues creía que iría preso. El guardia me miró, esta vez para darme la gracias, ni respondí con palabras, solo hice un gesto, porque siempre estuve consciente del mal que había provocado, ¿que hubiese pasado si la señora no hubiese tropezado con la cáscara?
Estando inmóvil con mis ojos queriendo hablar, decir las verdades que ellos ignoran, escuchando a Elsa, quien narra las historias; mi padre escuchándola, así como la vecina opinando. Para la vecina he sido un santo, por eso sin pensarlo dice en voz alta lo que una tarde hice, de las pocas cosas que acepto. Me acuerdo como ahora:
Esa tarde, mientras ella dormía, estaba maquinando pensamientos, quería satisfacer a mi cuerpo, en su propia casa, estando en el aposento de su hijo, jugando; frente a la habitación ella estaba, con su puerta abierta, creyendo que su hijo se encontraba; el vestido no hacia una función eficaz, sino que le ayudaba a su cuerpo a respirar; una larga siesta evitaba que supiera lo que acontecía, tampoco imaginaba que estuviera sola conmigo. Yo aprovechando la ausencia del hijo, me acerqué, siendo cauteloso entré hasta llegar a su cama, estando dispuesto a disfrutar sin importar el dolor que pudiese dejar; mis manos tocaron la correa que llevaba mi pantalón, en ese mismo instante observé como una sombra venia -pudo haber sido el clima nuestro- restandole importancia. Cuando quise mirar hacia afuera para asegurarme que era el clima, sentí como un metal sonaba en la pared. La vecina se levantó, buscó un arma que guardaba debajo de la almohada, debilitando al ladrón con amenazas, él estando de espalda le lance un cuchillo, provocándole heridas. Desde ese momento fui un santo para la vecina, y ella desconociendo que segundos antes iba hacer mía, ¡si el ladrón no hubiese llegado, quizás hubiese sido la víctima de un disparo!
Las personas desfilando por mi habitación. Y yo, aun esperando ver a ese amigo revolucionario. Algunas de las personas que caminan se tapan la nariz para no respirar el mal olor que yace; otros siendo honesto les dicen a Elsa los pocos días que me quedan -quisiera hablar, decirle lo errados que están-; frente a la mesa dejan galletas, maltas y leches -como si fuese un mendigo o esa fuera mi necesidad-. En momentos siento que mi cabeza explotará por el mínimo tiempo que ellos estiman que estaré vivo, y debo hablar para contarle algunas cosas a Elsa, que no fueron ciertas. Estoy dispuesto a esclavizar mi alma, con tal que ella escuche.
Sabiendo que nunca fui capaz de entenderla, solo me preocupaban mis ideales; los cuestionamientos que ella hacia, lo respondía con otros; recuerdo que me preguntaba en aquellos días:
-¿Es mas importante estar con tu amigo, el bohemio que solo le interesa el alcohol o podrías sacar dos minutos para escucharme?-
Molesto respondía:
-¿Que tiempo llevamos, olvidaste que ese amigo piensa por el porvenir de las próximas generaciones?-
Se iba con lágrimas. Tocaba el piano, y otras veces, se encerraba a escuchar algunas piezas de Jazz; me dejaba afuera, iba directo al mueble; pensaba en las cosas que tenia pendiente para los días siguientes; a media noche, ella salia, arropaba mi cuerpo y en la frente me daba un beso y se iba, muy pocas veces lo sentía, y cuando lo hacia gritaba como si estuviera torturandome. Nunca supe que era el amor, ni le preste la atención que merecía, ahora que estoy muerto, intento volver para reconocerlo.
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