martes, 8 de febrero de 2011

Soy un Corsario

¡Navegando ando!
¡Esa es mi vida!
Entre puertos y barcos; entre pesca y el agua fría; en la profundidad de la nada, en la misma que ha visto a miles de barcos desaparecer.

¡Yo! No siento temor por la vida. La muerte y la vida son dos símbolos parecidos en mi mundo,
es el mar afuera que genera esos pensamientos como si nada importara. En esa agua salina y cristalina, es que descubre el significado de la vida. Que no es mas que ¡un juego de tiempos y decisiones! Con finales dramáticos e inciertos.

Mi llegada al puerto de Santa Lucia es un ejemplo. A pesar, de la semejanza con los demás. Aunque una noche ha sido suficiente para cambiar esa realidad. Con la imagen de una mulata caribeña (la que nunca he visto en mi tierra de blancos) que goza de buenos encantos y me ha hecho gozar, ella es mas que carne, es ¡la que muchos desearían!

Es la mujer que representa al agua dulce; han sido muchos los que han saciado su sed; y ella dejando en mi, los síntomas del recuerdo, de lo que viví en aquella noche de invierno; y yo, compartido mi cuerpo como si tuviese derecho, ¿puede alguien marcar una hoja sin tocarla?

Son las 2:12 a.m., debo partir mar afuera, ha seguir en busca del tesoro que ha caído, que se esconde en una de las muchas profundidades del mar. Pensando en la felicidad con un contraste permanente entre el brillo del tesoro y ella. Pero esa mujer ha sido la responsable de que abandone la embarcación para ir detrás de sus pasos, como perro que persigue su hueso... sin tener ideas de donde estarás. Por lo que he preguntado, ¿porqué muchos me miran sorprendidos? ¿Son tan ciegos que desconocen tu belleza? Y aunque los días se han convertidos en torturas, ¡no pienso dejar de preguntar por ti! En medio de esa búsqueda desesperada, por esa isla extraña; escucho una trágica noticia de un barco que ha desaparecido sin dejar rastro. Ha sido el mismo barco que me condujo hasta su cuerpo.

Sin estar claro de lo que pasa -con excepción de algunos murmullos incompletos- he esperado por días, en la misma entrada que la conocí. ¡Hasta que por fin logro ver su bello y extraño cuerpo! Verla de nuevo resulta una pesadilla, ¿porqué estas de manos con ese hombre? En un momento confuso, de celos, he prometido esperarte. Ahora que la espera ha dejado su efecto, que la he visto pasar sola, yo como un marinero en tierra -te saludo-, ni siquiera te acuerdas de mí; intento reclamarte, y enseguida respondes:

“Eres el corsario y yo la tempestad. Soy símbolo de agua, de noche hermosa, de recuerdos vagos”.

Mis ojos se nublaron, juro que nunca había llorado, ¿porqué mi vida? ¿Porqué me has hecho sufrir; llorar como un niño abandonado? Mi días serían justo con el suicidio, -y es que no tengo amigo-, con aquellos que llegue hasta aquí -se han ido a la profundidad, a un abismo desconocido-, y la mujer que amo -solo es una prostituta-, pero eso no evita lo que siento.

Me encuentro sin ganas, ni siquiera el puerto tiene poder para devolverme la sonrisa; ni siquiera pensar en el tesoro alivia este amargo llanto. Un hilo es suficiente para parar esta agonía. Así con el transcurrir de los días, cuando pregunte por mi, te darás cuenta que he entendido, de que solo soy un corsario y de que eres la tempestad que me ahoga, así como el hilo que detiene la respiración.

… Y tu, Elena, prostituta maldita, ¿qué harás cuando sepas que no estoy? ¿ Responderás con ironía?
Porque tus ojos me dicen que me has extrañado, que deseas ser mía; que quieres entregarte entre candela sin importar lo que tenga. Pero es tu ambición material la que te ha llevado a donde estas. Así como he decidido morir con una soga; ¡así terminaras! Porque soy un corsario chamán y ese ha sido mi deseo ante la luz negra del mar, deseo que solo ella puede conceder.

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