martes, 15 de febrero de 2011

Baño de sangre

Su piel no cambió, a pesar de sentir ataques in-fundamentales -que ni el mismo entendía-. La tensión solo le permitía saborear el aire, en algunos casos hasta la sangre dejaba -y esa mirada que provocaba derrame de rabia, permanecía con aroma que excluía su ligera piel- "¿Que esto?", pensó, mientras que la madre caminaba hacia el aposento. "Descuidas, es que eres hermoso", pensó luego, justo lo que su madre le diría. Era un clima de fuego, de estrellas pálidas, así como de rostros inexpresivos. Los más pequeños jugaban, ajenos a lo que sucedía.

"¿Cual es el camino más cercano?", preguntaba, molesto por el trato. "No te desvíes de caminos que conducen hasta el mañana", contestaba la novia. "Es que no me interesa vivir el mañana, si éste presente es un martirio". La noche imperaba en un silencio que se alargaba y desaparecía como lluvia, solo los besos interrumpían. "¿De dónde eres, amarillo?", preguntó la madre de la novia. "Soy descendiente de la defensa, con esto sabrá donde vivo, al menos que seas una mujer de hogar; y amarilla es mi piel", contestó. "Conozco a la gran defensa, tengo recuerdos terribles...”. Enseguida se fijó en su pelo: “su corte provoca risa, es muy exótico, aunque pensaría que fue atacado por los pelos mientras venias". Tratando de mantener la moral prefirió obviar la burla. "¿Usted es sordo o quieres ser reservado? Pues de su familia no espero acciones buenas; su madre amaneció en casa de otro el día de su matrimonio", volvió a exclamar la señora. Mientras él sentía coraje, ansioso por soltar dos palabras y terminar con la buena costumbre que por años ha recibido de la defensa, empero, prefería mirar a su novia a los ojos.

"Es su amada madre, una mujer sin sentimientos, atrevida, en efecto... es patético que intente recordar el pasado que sabemos. Además, siempre he estado consciente de la manera en la que mi madre se ha comportado durante su vida: a ella se le importa salir a media noche y no regresar, como detenerse a esperar a una de sus víctimas, mientras mi padre permanece durmiendo, con los ánimos caídos o muriendo de hambre. Pero si tanto le molesta la vida de la defensa, a su madre, porque ella no propone un método de vida, así mi familia no tuviera esos recuerdos vergonzosos como los que trata de insinuar”, dijo el joven, al mismo tiempo luchando contra la calma. "Aprovechemos el momento y bebamos de la sangre de la presa”, comentó la novia e intentando dejar atrás los comentarios de su madre.

Ellos concentrados en el cerdo que tenían; la madre se movía sin lugar fijo, molesta por la visita de éste inocente hijo de la defensa. Su furia se debía a la triste historia que la había ocasionado su familia -en aquellos días que estaba a punto de formalizar una familia- antes que llegara la señora -madre del novio- que conquistó el corazón del mujeriego, pasado que jamás superó, pese a que se casara con su esposo -padre de su hija-. Esas son las razones por las cuales expulsan a cualquier descendiente de la defensa, ni siquiera tienen permitido entrar a la sagrada tierra de la familia de la novia. Luego de haber salido abrupta-mente, la madre regresó más calmada. "Es usted distinto... en estos días pensé que solo criaban fieras para matar y traicionar”, -mientras ella hablaba, la mirada del joven permanecía fiel a su rostro-, “siento como si fuera mío. Porque si fuera de esa familia, hace rato que hubiera tenido la cabeza en el suelo; sacando las uñas para brincarme”. Quedando triste y sin aliento, volvió a dirigirse al joven: “¿recuerdas tu pasado? ¿Tienes marcas en tu cuerpo?”. Sorprendido por estas preguntas, quiso callar. Afín no importaba, “le agradecería que fuera más directa al momento de preguntar. Sabes que esa es una regla de la defensa, no podemos responder o reaccionar por instinto, sino por seguridad, y no únicamente de mi familia sino general. Pues podemos dar respuestas que no vienen al caso o enterrarnos el cuchillo tratando de ser cortes sin orientación”. El ambiente ya no era tan tenso ni pálido como el inicio, pues la madre le gustaba el atractivo físico, pensando en que pudiese ser el hombre perfecto; era educado e inteligente, contrario a los otros que había conocido; hubo un acercamiento recíproco -aunque la intención de él no era la familia, sino su novia-.

“Vayamos al patio, nos espera una presa fresca”. Vociferó la madre.
“Que trágica es la familia, siquiera nos dejan besarnos como queremos”. Dijo la novia en voz baja, mientras era sujeta de un apasionado beso.
“Siempre lo he dicho: la familia es solo para imponer reglas vacías, eliminando los reales momentos como éste que estamos viviendo”. Con rebeldía le respondió a la novia.

Secuestraron. Por eso ;e importaba mas ayudar a las presas que asesinarlas; porque conocía su pasado -razón que lo cohibía a luchar con toda su destreza-, era el hermano enamorado; el cachorro secuestrado; el hijo que amaba a su familia biológica. El novio no contuvo las lágrimas y abrió sus patas hasta descansarlas en su madre, frustrado por la vida amorosa; escondiendo su rostro con deseo de morir. “Eres el hijo que me robaron; el lobo incapaz de hacer daños... Y no tienes que regresar, para eso soy tu madre, ¿verdad hija?”. La madre viendo que la hija no estaba, preguntó: “¿a dónde habrá ido?”. En ese instante se escuchó un gemido -era el suyo- enseguida la manada corrió hasta el lugar; veían como la más joven moría en mano de la defensa, “mi hija no, no puede morir, ¿porqué?”. Esto motivó a una sangrienta lucha; mordidas, brincos y muertes fueron las consecuencias. Solo quedó el novio, “¿a dónde se han ido?”. Preguntó impaciente, mientras veía la sangre.

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