Carabelas
A la vista del 12 se aguaron mis ventanas.
Las llegadas de esas carabelas me tendieron la trampa.
Con la cruz como tatuaje cosido con lana.
El océano tristemente le paraba el nado.
Blanca tenia la tez.
Las orejas estaban libres de pecado.
La Biblia era su espada enterrada en tinta de color negro.
Su venida en son de paz era un Dios te Bendiga.
Su cola de yegua domada no se despegaba de su cabeza.
Sus ojos grises dispersaban la búsqueda de ese oro taimado.
El pregón que salia de mi boca por poco ella lo escucha.
El trayecto de un lado a otro era el Camino 37.
Sus sandalias descritas de hierro parecían de otro lado.
No tenia nada en los brazos, salvo por unos cuantos hoyos.
La falda negra se enamoraba del aire, quería irse con el.
El aliento triste de su voz la mantiene despierta.
Predicaba lo que veía en La Biblia como es de costumbre.
Sus manos señalaban la llegada de El, cosa que es vieja.
La balada triste de su historia parecía un cuento de hadas al
estilo de Bosch.
En la cocina de transporte los que la estudiaban la conocen de
lejos.
Ella seguía alertándonos por la llegada de El.
Las ánimas de su maleta estaban aplastadas.
La inercia con la que su nariz exhalaba la absorbe el pañuelo.
El chófer exorcizo su pecado pitando la bocina.
Seguía tarareando su triste balada.
Con sigilo le dice al chófer que la deje en la parada.
La carabela con un Dios te Bendiga se despide de todos sin olvidar
decirnos una cosa.
Forniquen con protección por que sino nos atrapara La Dama Roja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario